

El niño del abrigo naranja es un poco autista. O introvertido, vete tu a saber. Siempre oculta media cara bajo su bufanda, parapetado tras sus gafas por las que ve su propio mundo. Ese mundo (el suyo) acaba de cambiar radicalmente tras una mudanza nueva.
Y ya sabemos que a los autistas (si es que es autista, que lo diga su médico) los cambios les gustan poco; y su mundo ahora se vuelve cada vez más fantástico y terrorífico.
Cuento de terror post-victoriano urbano (jejejeje, siempre escuché que es mejor etiquetar un género nuevo, vaya estupided), o ejercicio de creación mecánica para ver hacia donde me va llevando esta historia. Ya veremos...